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lunes, 4 de abril de 2016

TERRITORIOS ESPECIALES ARGENTINOS (ANÁLISIS Y ARGUMENTACIÓN DESDE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS)

Espacios terrestre, maritimo y aereo argentinos




El territorio argentino abarca tres tipos de espacios que guardan íntima relación uno con otro: el terrestre, el marítimo y el aéreo. Sobre ellos, el Estado argentino ejerce la soberanía, es decir que es la máxima autoridad de esos territorios.
El espacio terrestre es la superficie continental e insular que pertenece a nuestro país.
El espacio marítimo en el que la Argentina ejerce su soberanía exclusiva se denomina mar territorial, y se extiende a continuación de la línea de costa hasta una distancia de 12 millas marinas, es decir, alrededor de 22 kilómetros. El Estado tiene soberanía plena en el mar territorial, el espacio aéreo por encima de éste, el lecho y el subsuelo de ese mar y los recursos que allí se encuentren.
El espacio aéreo comprende la atmósfera que se extiende sobre los espacios terrestre y marítimo, hasta una altura de 100 kilómetros, aproximadamente, contados desde el nivel del mar.


Casos especiales de soberanía
En la Argentina, existen dos casos especiales de soberanía. El primero es el de la Antártida, ya que por tratarse de un área destinada a fines científicos y a la preservación del ambiente, no se reconoce en ella soberanía de ninguno de los Estados que la reclaman. En el otro -el de las Islas Malvinas-, el derecho a la soberanía ha sido reconocido por la gran mayoría del mundo en la ONU, pero este archipiélago se encuentra ocupa por Gran Bretaña.

La Antártida

La Antártida es el único continente que no cuenta con una división política definida: no está divido en países ni sometido a la soberanía exclusiva de ningún Estado. Se rige por el Derecho internacional, en particular, por el denominado Tratado Antártico, que fue elaborado en 1958 por los países que reclamaban derechos soberanos respecto de alguna porción de ese continente. En ese tratado, quedaron registradas las pretensiones territoriales de la Argentina, Chile, Gran Bretaña, Noruega, Francia, Nueva Zelanda y Australia.
Todos los reclamos de soberanía se basaron en una delimitación establecida por el sistema de coordenadas. En todos los casos, se efectúan desde el paralelo de 60º latitud sur hasta el de 90º-es decir, el polo sur-, y luego se apoyan en las líneas de los meridianos.
La Argentina reclama la región comprendida entre el meridiano de 25º longitud oeste y el de 74º longitud oeste. En gran parte, ese territorio se superpone con los reclamos de la soberanía planteados por Chile –que pretende soberanía sobre la porción comprendida entre el meridiano de 53º longitud oeste y el de 90º -es decir, el polo sur- y por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que reivindica su derecho respecto de la zona limitada por el meridiano de 20º longitud oeste y el de 80º longitud oeste.
En 1991, la vigencia del Tratado Antártico caducó y los países interesados se reunieron nuevamente. El Protocolo de Madrid es documento resultante de esa reunión. En él, los Estados reafirmaron lo que habían pedido en el Tratado Antártico. En el Protocolo, se declara al continente antártico patrimonio de la humanidad, y se prevé volver a discutirlas cuestiones de soberanía en el año 2041.

Las Islas Malvinas

Las islas del Atlántico sur están conformadas por tres archipiélagos: Malvinas, Georgias y Sándwich. El de Malvinas está constituido por la isla Gran Malvina y la isla Soledad, otras cincuentas islas menores y numerosos islotes; tiene una superficie de 11.718 Km2.
La Argentina basa su reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas en razones geográficas, históricas y políticas.  
Desde el primer punto de vista, las islas están ubicadas dentro de la plataforma submarina argentina, y presentan una continuidad geológica y geográfica con la Patagonia. Desde la perspectiva histórica, las islas fueron ocupadas por Francia desde el año 1764, cuando un grupo de pescadores se asentó en este territorio y construyó un fuerte, que se denominó Saint Louis. En 1767, los franceses reconocieron la autoridad española en el sector y le entregaron Puerto Luis. La Corona española se encargó de aumentar la población de las islas, que pasó de 167 habitantes –en 1767- a alrededor de 600, hacia el año 1800.
Desde los puntos de vista político y administrativo, las Islas Malvinas fueron consideradas parte integrante de los dominios españoles en la época virreinal, y fueron ocupadas e incorporadas al territorio independiente de las Provincias Unidas desde el año 1820.
A pesar de estos antecedentes, los británicos irrumpieron en Malvinas en 1833, tomaron posesión de Puerto Soledad y desalojaron a la población argentina. Puesto que Malvinas no era una colonia británica, y que se establecieron por la fuerza en épocas de, este hecho configuró una usurpación de los territorios. Desde ese año, comenzaron los reclamos argentinos dirigidos a obtener la devolución de las Islas Malvinas.
En 1982, el presidente de facto Leopoldo F. Galtieri decidió invadir las islas y manipular, así, el sentimiento de los argentinos. Con este hecho, la Argentina se convirtió en un país agresor e inició una guerra con Gran Bretaña. Los enfrentamientos bélicos en las islas se prolongaron del 2 de abril al 14 de junio de ese año. Se produjeron combates aéreos y marítimos, así como episodios ilegítimos para un contexto de guerra: un submarino británico y hundió el crucero argentino General Belgrano. Tras la rendición de las tropas argentinas, se acentuaron nuevamente las tensiones entre los dos países.
El gobierno democrático que asumió en la Argentina en 1983 intentó retomar las vías de la negociación diplomática de los reclamos de soberanía. Durante varios años, estas tratativas resultaron infructuosas: ningún funcionario argentino pisar suelo británico.
Recientemente, recrudecieron las tensiones diplomáticas como consecuencia de que la Constitución de la Unión Europea incluye las Malvinas como parte de las posesiones británicas. Ante esta mención, la Argentina planteó su disconformidad, y presentó sus quejas antes los organismos internacionales. Aunque lenta, la vía diplomática es la única posible.







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